lunes, 12 de octubre de 2015

Hasta que...


Yo solo quiero quererte ahora. Quererte siempre.

Sólo espero que tú me quieras ahora, y hasta que tú quieras.

Amor eterno contra amor efímero. Corazón rojo contra corazón roto.
Mis esperanzas contra tus pensamientos. Mis miedos contra tus promesas.
Recuerdos de color  hoy que un día se volverán grises y dolorosos.
Dolor extraíble a base de lágrimas, tiempo y paciencia. Mucha. Demasiada.

Yo solo quiero quererte ahora. Quererte siempre.

Solo espero que tú me quieras ahora, y hasta que tú quieras.

~Kay.

domingo, 11 de octubre de 2015

Llueve.



Ha empezado a llover. Gotas que caen por el cristal compitiendo entre ellas.


Quisiera que estuvieses aquí.


Mucho.


Y crear nuestro propio reino bajo las sábanas. Donde se habla un idioma que sólo tú y yo conocemos. Donde no existe más anarquía que la de los besos y caricias que nunca sobran, que nunca son suficientes. Pies jugando al borde de la cama, dedos de las manos entrelazados. Respiración cada vez más pausada y miradas que no se encuentran, pero que están ahí. Nos notamos.


Y te pienso, toda la noche; mientras te imagino aquí al lado.


La lluvia sigue llorando mi ventana y el sonido no cesa, la oscuridad me envuelve, aunque nunca llega a ser tan cálida como un abrazo tuyo.


~Kay.

viernes, 2 de octubre de 2015

Puede que.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Construyendo un sinsentido: tú.

Se empieza desde la base, desde las primeras palabras, los primeros encuentros, las primeras sonrisas y los primeros besos.
Seguimos construyendo poco a poco nuestro propio mundo, nuestro propio universo y nuestro multiverso.
En el que sobre todo lo demás; rodeados sólo por nuestros momentos, nuestras risas, nuestros llantos, nuestros enfados, nuestras reconciliaciones y nuestros silencios llenos de miradas y caricias.

Soñar temiendo pasar la noche entre pesadillas y malos sueños, pero ¿qué más da si vas a estar a mi lado cuando despierte?
Calmarnos y llenarnos mutuamente porque es todo lo que necesitamos, entre sábanas, abrazos y susurros; sólo nuestros.

Es complicado intentar dar forma a lo que se  siente… Aunque no haya mejor manera que el demostrártelo a ti, en persona, en directo, con gestos o sin ellos, con besos o con ellos.

 Eres mi página en blanco y el lápiz que no deja de escribir.


Kay~

lunes, 24 de marzo de 2014

Quiero escribir sobre nosotros.

Quiero escribir sobre ti.
Quiero escribir sobre mí.
Quiero escribir sobre nosotros.

Dejar salir todo esto que llevo por dentro, descargarme.

La señorita Inspiración parece que no tiene muchas ganas de trabajar.

Se me cruzan muchas ideas que no quieren salir, no quieren que nadie escriba sobre ellas, no quieren ser vistas; son egoístas, sólo quieren estar conmigo...

Yo las animo a que dejen ese “estado” invisible en el que se encuentran, y que tomen la forma de letras; que recorran lentamente el papel (o la pantalla) y que se dejen leer, y sobre todo; que se dejen entender...

Mi cerebro y todo lo que tengo ahí dentro (como si es serrín) están haciendo todo lo que pueden.

Pero ellas sólo dan vueltas y más vueltas, hacen que me maree. Siguen dando vueltas sin rumbo fijo, hasta que llegan a la conclusión de que tal vez no sea la señorita Inspiración la que tenga que venir, tal vez ni siquiera sea ese el problema, quizás, es simplemente que escribir sobre ti, escribir sobre mí, escribir sobre nosotros... No sea tan fácil; porque puede que sea un algo tan complejo que sólo entendemos tú y yo... que puede que sea como un sentimiento, como una sensación que está creada en algún idioma que nadie conoce, una lengua inventada, que sólo puede ser comprendida por nosotros, aunque ni siquiera lo sepamos.


Pero, ¿qué importa eso? Es complicado plasmar sentimientos en un papel, aunque lo único que de verdad importa es que, aún sin ser conscientes de ello, lo entendamos y sepamos que tenemos ese “algo” especial y sólo nuestro. Invisible, incomprensible, imposible; sí... pero sólo nuestro.

~Kay.

domingo, 8 de julio de 2012

Paris, tú y yo.

Comenzó mi pequeño viaje. Había dejado ya hacía unas horas mi hogar, pero otro sitio me esperaba, otro sitio y otra persona.

Después de un viaje entre las nubes de algodón y el cielo celeste pastel, dejé el exterior para convertirme en una más del lugar; bajé al subsuelo, al transporte más solicitado e increíble, a mi parecer, de la ciudad. Escaleras, túneles interminables que se entralazaban entre ellos en un mapa ininteligible y tremendamente complejo. Mezclarme entre la gente, de todos colores, edades y orígenes; atravesar pasillos mientras seguía indicaciones que me indicasen el camino correcto a mi destino.
Mi destino, que eras tú; esperaba llegar lo más rápido posible a la salida que parecía haber sido puesta allí solo para mí, solo para mí y para ti.
Para poder salir así, respirando aire puro por fin, después de haber estado horas bajo tierra sin más compañía para mis oídos que la música de mis auriculares, y sin más compañía para mi mente que tu imagen. Tu imagen que esperaba hacer realidad, en carne y hueso, en unos instantes.
Y allí te vi, apoyado en una farola, con el mismo aire perdido y adorablemente despistado de siempre. La gente pasaba por tu lado esquivándote con habilidad, y yo te observaba desde la salida de metro, tú seguías sin verme y eso me hacía reír; seguí con mi sonrisa como complemento y me acerqué decidida a ti.
A dos metros de distancia, también tú hiciste uso de tu sonrisa, esa que siempre iluminaba tan bien tu cara y que tanto me costaba olvidar cuando nos separábamos. Un primer abrazo que me dio calor y fuerzas para cualquier cosa, y ese beso que tanto necesitaba, ese beso con el que tanto había soñado durante tanto tiempo y que supo tan bien, tan cálido y perfecto como el primero que me diste.
Y sin darnos cuenta allí estábamos, otro año más bajo la Torre Eiffel. En París, aquella ciudad que la llaman "la ciudad del amor", aunque a nosotros no nos hace falta, cualquier ciudad sería nuestra "ciudad del amor", sólo hace falta que yo esté contigo, y tú conmigo. El alrededor es lo que menos importa.
Tú y yo es lo único.


~Kay.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Tu carta.

Acabo de encontrar una carta en el fondo de una caja que tenía en el armario, una caja que no recordaba haber comprado nunca y esta carta que no recordaba haber recibido nunca.
Pues bien, esa carta, era tuya. En ella podía reconocerte, podía recordar todo lo que había olvidado sobre ti. Podía encontrar cada detalle que hizo que me enamorase de ti. Cada palabra que escribiste me recuerda ahora a cada momento que pasamos juntos. Cada trazo, cada letra escrita de una forma personal y única, cada coma y cada punto me traía a la mente cada caricia que me hizo sentir como si estuviese en las nubes, y cada beso que me hacía perder totalmente la razón, la cabeza. Perder la cabeza por ti, eso es lo que más me gustaba; la gente podía pensar que estaba loca, sí, loca pero feliz. Más feliz como nunca lo había estado y como creo, nunca lo estaré.
He llegado al final de la carta, he leído demasiadas cosas, me han traído demasiados recuerdos, me han venido demasiadas ideas que quería compartir, demasiados planes que tenía para hacer contigo, demasiadas palabras que debería haberte dicho y que por alguna razón que desconozco no llegué a decirte. Sólo espero que tú no hayas olvidado todo esto que acabo de leer… Todo eso que algún día escribiste y que algún día sentiste por mí.
Yo, no te he olvidado, no quiero olvidarte.
Y he de reconocer algo: sí recordaba haber comprado esa caja y sí recordaba haber recibido esa carta. Tal vez tú también tengas en tu armario alguna caja que no recuerdas haber comprado con una carta que no recuerdas haber recibido… ábrela, y recuerda todo lo que te hizo feliz una vez, todo eso y mucho más.

~ Kay.